¿Qué nos hace caer en la rutina y como salir de ella?

¿Qué nos hace caer en la rutina? ¿En qué momento ocurre? 

La rutina es un fantasma que no se ve, no se oye y no avisa en que momento llega. Normalmente cuando la sentimos llegar ya estamos instalados en una monotonía que parece no tener fin.

Pero… no satanicemos la rutina. Las rutinas nos dan estructura, compromiso, seguridad y nos hacen desarrollar vínculos. No podemos vivir cambiando todo el tiempo, seria agotador física y mentalmente. Me pregunto… ¿hasta qué punto es saludable “la rutinización” de todo lo que hacemos? (tengo el mal hábito de inventar palabras… perdón por eso).

Creo que el primer paso una vez sintamos que la rutina se ha apoderado de nuestra relación es preguntar: ¿cariño hemos caído en una vida rutinaria?

La respuesta podría sorprenderte, quizás tu pareja responda: ¿rutina? ¡que va! Yo estoy feliz como estoy… entonces… quizás no es la rutina, es como me siento con ella. El problema comienza cuando a uno de los dos les parece monótona la relación, conozco parejas que tienen años repitiendo hábitos y están felices, es más, ni se dan cuenta. Sin embargo, cuando uno de los dos ya no está cómodo y el otro si… comienza el conflicto.

Si los dos están de acuerdo en que han caído en una rutina, pues es muy fácil hacer todo lo que hacen los artículos relacionados con este tema: viaja, ten una escapada romántica, sorpréndela/o, ve a un sex shop y un gran etcétera. Pero cuando no es así ¿Cómo hacer para que ese espíritu de querer hacer cosas diferentes contagie al otro?

Tengo una buena y una mala noticia. Comienzo con la mala: en pareja todo se hace en pareja. No vale hacer el trabajo del otro, ni tu solo esfuerzo será suficiente, con lo cual, si el otro no está “on board” y comienza a hacer cosas por complacerte acabarás frustrada/o ante la actitud pasiva del otro.

La buena noticia es que el hecho de que haya rutina no quiere decir que no haya amor. Si le comunicas a tu pareja como te sientes es muy probable que se interese en tu malestar y juntos lo solucionen.

¿Cómo podemos solucionarlo?

Por favor, evita buscar listas de cómo “romper la rutina”. Parte de salir de la rutina es trabajar juntos en como vencerla. Unos tips:

  • ¿Qué les gustaría hacer hoy?. Es probable que vayan al pasado y se pregunten ¿te acuerdas como disfrutábamos los conciertos de música electrónica en la playa? Y quieran revivir esto buscando revivir experiencias y emociones que estaban ancladas en un momento puntual de su vida como pareja. ¡No me mal interpretes! Es posible que les funcione, pero antes de aventurarse, pregúntense ¿Qué nos gusta hoy? ¿Que cosas nos gustaría aprender juntos? Las personas cambian y las parejas también.
  • Nunca des por sentada tu relación. Lo mejor para evitar la rutina es monitorearla, no esperes que la relación este paralizada para hacer algo al respecto. En la relación de pareja el cortejo no termina nunca.
  • Nunca asumas que tu pareja está bien porque la ves bien. Aunque suena a cliché la comunicación ha sido, es y seguirá siendo la clave para una relación exitosa.
  • No culpes a tus hijos. Si dejan de tener tiempo en pareja, ver a sus amigos y hacer cosas divertidas es porque el fantasma de la rutina se instaló en tu sofá.
  • Se proactivo/a y comienza por ti mismo/a. La zona de confort da sensación de seguridad emocional pero te pierdes de la emoción del cambio. Evalúa que tan cómodo/a estas en tu zona de confort. El cambio en tu relación de pareja comienza por ti.
  • Evalúa nuevas formas de expresar amor. Te invito a leer ¿De cuantas formas se puede transmitir el amor?
  • Y por último… el dinero no es excusa y lo sabes. Sean creativos!

Te dejo con este hermoso relato de Silvia Gascón: 

El Circulo de la Rutina

“Hace tiempo que dejé de querer besarle y ahora, justo en estos tiempos he encontrado la excusa perfecta para dejar de hacerlo. Me he preguntado muchas veces si él percibía mi falta de entusiasmo. Debía de notarlo pues mis sentimientos han ido evolucionando a lo largo de todos estos años y ya no son tan intensos como al principio. Quizás se fue acostumbrando al cambio paulatino a lo largo del tiempo o puede que hubiera dejado de pensar en ello para no afrontarlo. Sea como fuere, hemos alargado demasiado esta obra de teatro que hace ya años debería haber acabado.

En estos momentos estamos sentados en el sofá. Cada uno manteniendo la distancia de seguridad que nosotros mismos nos hemos ido autoimponiendo desde antes de estos convulsos tiempos. Con mi libro en la mano percibo su figura quieta, con las piernas cruzadas en el rincón junto a la lámpara ojeando el diario y emitiendo un leve sonido cada vez que cambia de página. Ese movimiento de lectura es el único ruido de la habitación y lo único que en estos momentos tenemos en común.

Desde este rincón no puedo evitar recordar nuestros primeros flirteos. Me parecía tan guapo y encantador en aquella época. Recuerdo vagamente como mi pecho se inflaba de entusiasmo cada vez que pensaba en él. Cuando aún no habíamos cruzado palabra, me moría de ganas por sentir su mirada. Justo antes de nuestra primera cita apenas dormía por la emoción del momento. Mi inseguridad luchaba contra mis enormes ansias de gustarle, de querer conseguir que se enamorara de mí, aunque solamente fuera una pequeña proporción de lo que yo lo estaba de él. Qué inocente era. Me conformaba con tener su compañía, confiada en que si me conocía más profundamente acabaría bebiendo los vientos por mí, y así fue durante un tiempo.  Ahora, su indiferencia, casi me parece placentera, me alivia no ser objeto de sus deseos.

El deseo… Tuvimos unos buenos años de sexo. Hubo una época, sólo presente por esos recuerdos que todavía perduran en algún lugar de mi mente, en el que nos compenetrábamos bien. Había novedad, juegos, intensidad… Pero no recuerdo ya cuando incluso eso se fue convirtiendo en rutina.

El presente ha llegado de forma paulatina y el ansiado futuro se quedó en el pasado lejano. Siento que estoy acomodada en esta pequeña jaula y que aunque alguien abra la puerta no intentaré huir. Pero al mismo tiempo hay días en los que cojo los barrotes con fuerza y desesperadamente pido poder escapar sabiendo que no es mi cuerpo el que está encerrado, sino mi mente, ésa que cada día me recuerda que mi presente no es el mismo con el que yo soñaba en mi juventud. ¿Es eso malo?, ¿era ingenua cuando pensaba en el amor?, ¿creí demasiado en los cuentos de hadas?, quizás juzgo erróneamente mi relación desde la ignorancia de aquella juventud.

Me levanto del sofá. Me he cansado de observar las páginas del libro sin conseguir unir el significado de sus palabras. Creo que voy a dormir. ─Buenas noches ─Comento al mismo tiempo que me levanto sin esperar respuesta, aunque ésta llega en forma de cierta repetición─Buenas noches…cariño.

Llego al dormitorio y allí, encima de la colcha la veo. Es una tarjeta. Me acerco y observo una foto de los dos de cuándo las arrugas no invadían todavía nuestra piel. Que añoranza…, pero mi curiosidad gatuna hace que la abra con prisas, algo inesperado está sucediendo en mi monótona vida.  Leo el mensaje: ¡¡Feliz aniversario cariño!!, sonrío levemente de forma inconsciente, un pequeño, instantáneo y fugaz halo de bienestar me inunda por unos breves momentos”

Fin

 

2 comentarios


  1. Hola muy buena entrada, buen trabajo.
    saludos.
    Jordi
    Muy buen proyecto.

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